domingo, 13 de noviembre de 2011

Joaquín Lavín y la educación privada

Los nuevos negocios del sector privado

Labores que antes estaban sólo reservadas al sector público, han comenzado a ser efectuadas con éxito por empresas privadas. Las Instituciones de Salud Previsional, más conocidas como Isapres, con un millón de beneficiarios, han generado una demanda por servicios de salud cubiertos por el sector privado. Las primeras cuadras de la calle Salvador, en Santiago, constituyen hoy un verdadero “barrio médico”, en el que en menos de medio kilómetro compiten entre sí laboratorios, clínicas dentales y centros de salud.
La previsión privada es una realidad para más de dos millones de afiliados a las Asociaciones de Fondos de Pensiones, AFP, y para cientos de jubilados y pensionados del nuevo sistema.
Entre otros, el sector privado también incursiona fuertemente en el campo de la educación, con la creación de numerosos colegios particulares y de 2.700 escuelas privadas subvencionadas por el Estado. Centros de formación técnica, institutos profesionales, y hasta universidades, constituyen hoy nuevas alternativas privadas para quienes terminan su educación escolar.  Se ha generado, incluso, una industria privada de apoyo a la educación, dedicada especialmente a crear programas computacionales para la enseñanza de las más diversas materias. (pp. 23-24)


Profesores - empresarios

Aunque el concepto puede parecemos poco familiar, educar niños y jóvenes universitarios es también una tarea de empresarios. La necesidad de otorgar alternativas a los jóvenes que egresan de la Enseñanza Media, de los cuales sólo una determinada proporción tiene acceso a estudios superiores en las universidades tradicionales, contribuyó a la transformación de muchos educadores en empresarios, los que establecieron colegios particulares, centros de formación técnica, institutos profesionales y hasta universidades.
De hecho, cada vez más familias chilenas tienen hijos estudiando en las universidades privadas Gabriela Mistral, Central o Diego Portales, y la proporción que estudia en la Universidad Católica o en la Universidad de Chile es cada vez menor. Los centros de formación técnica están constituyendo una solución para la vieja aspiración de dar a los jóvenes una especialidad que los capacite para entrar de lleno en el mundo laboral.
Paradojalmente, el gran auge de los profesores empresarios no está en la educación superior-en que existen aún importantes limitaciones- sino en las escuelas, liceos y colegios orientados a los niños de menores recursos. Incentivados por el mecanismo estatal que otorga una cantidad en dinero por cada alumno atendido diariamente, 2.700 escuelas particulares subvencionadas han surgido en los últimos cuatro años. La Sociedad de Instrucción Primaria, perteneciente a la Fundación Matte -creada por Claudio Matte con fines filantrópicos a fines del siglo pasado-, ocupa el primer lugar en el ranking del mercado educacional orientado a niños y jóvenes de menores recursos. Con 17 colegios, instalados en poblaciones como La Bandera y 19.646 alumnos, logró resultados que se comparan favorablemente con los colegios particulares pagados en la Prueba de Evaluación del Rendimiento Escolar -PER-, que se hizo a todos los niños chilenos en 1982, 1983 y 1984.
Las Escuelas Galvarino, pertenecientes a Filomena Narváez, con 16 colegios y 17.638 alumnos, ocupan el segundo lugar. Más atrás se ubica el matrimonio formado por Hugo Hormazábal y Gladys Calderón, propietarios de la cadena educacional H. C. Libertadores, con 17 escuelas y liceos, donde estudian 11.673 alumnos. Le siguen Elias Hasbún, con 5 escuelas y 5.659 alumnos, y la Fundación San José, encabezada por Dagoberto Barrales, propietaria de 2 colegios con 985 alumnos.


Prekinders y buses de acercamiento

Las escuelas particulares subvencionadas, en una despiadada competencia por atraer alumnos - los que pueden elegir entre los establecimientos de su barrio, incluyendo las escuelas administradas por municipalidades, y cambiarse, si lo estiman conveniente-, se han visto obligadas a ofrecer cada vez mejores servicios, e incluso a llevar a cabo sus propias campañas de marketing. En la Avenida Principal, de la comuna de Conchalí, los transeúntes se sorprenden al observar un gran mural propagandístico de un colegio, en el que aparece un grupo de niños operando un computador. El saber que sus hijos dispondrán de microcomputadores en la escuela, constituye una razón por la cual los padres podrían preferir matricularlos en ese establecimiento. Se ha detectado en diversas poblaciones que en esta competencia también influye el nombre del establecimiento -los padres prefieren que sus hijos estudien en uno que se llame “colegio” - y el tipo de uniforme. En los tradicionales desfiles del 21 de mayo en las comunas, las escuelas compiten con gorros distintivos, uniformes especiales y bandas coloridas.
La competencia por captar alumnos ha hecho que los estudios comiencen antes: pese a que no existe subsidio estatal para el prekinder, muchas escuelas han creado dichos cursos para incorporar a los hermanos menores de sus alumnos, e ir formando así un mercado ”cautivo “. Han aparecido también los buses de acercamiento. Como la asistencia es la medida por la cual el Estado cancela el subsidio, las escuelas han organizado sistemas de buses que, tal como en los colegios particulares del Barrio Alto, pasan a buscar a los niños en las mañanas y los van a dejar en las tardes.  En las poblaciones de Santiago ya no constituye una sorpresa observar los minibuses amarillos con el clásico letrero de “escolares”. La única diferencia, según Fernando Alvares, alcalde de Conchalí, está en que los minibuses escolares del Barrio Alto son de marca Volkswagen, mientras que en las pobla ciones de Conchalí los niños son pasados a buscar por los conocidos furgones Suzuki. (pp. 138-141)


Joaquín Lavín, actual ex Ministro de Educación de Chile.
“Chile revolución silenciosa”. Zig-Zag, Santiago de Chile, 1988. Quinta edición.

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