lunes, 24 de septiembre de 2007

[El Arte de Perderse]

[Los rótulos de las calles deben entonces hablar al que va errando como el crujir de ramas secas,]Estaba convencido que lo llevaban hacia el centro, ese último viraje había si¬do a la derecha, hacia el centro, sí. ¿O había sido a la iz¬quierda, por Simón Bolívar? [y las callejuelas de los barrios céntricos reflejarle las horas del día] Y ahora, ¿era izquierda o derecha? Simón Bolívar ¿y a lo mejor habían torcido en Pedro de Valdivia? ¿O habrían doblado en Salvador vi¬niendo desde Irarrázaval? [tan claramente como hondonadas del monte.] Mierda, ya no sabía. Luego unas vueltas como en círculo, ¿lo estarían haciendo a propósito estos conchas de su madre? [Este arte lo aprendí tarde,] Eso también lo sabía, se lo habían dicho, uno cree ubicarse, pero te des¬pistan, te marean, tranquilo, había que calmarse [«cumpliéndose así el sueño del que los laberintos sobre el papel secante de mis cuadernos fueron los primeros rastros]. Des¬pués los ruidos se amortiguan, un túnel, un estaciona¬miento. Se detienen, lo bajan, a empujones, que cami¬nara, cuidadito, baje las escaleras, ya, pasen por aquí nomás, voces desconocidas, quiere decir que no son las que les ha oído a sus captores, y otras voces, por aquí, si¬ga nomás, derechito, cuidado que hay escaleras de nue¬vo, pero suben, ya, así, siga nomás, siga, al fondo vuel¬ven a bajar, ya. Lo curioso es que esas voces le parecen amables, acogedoras. Y un detalle curioso, que había un tableteo de máquinas de escribir como ruido de fondo, taca taca taca tac, ¡ting! ¿Qué huevada tan rara, no? Di¬go hablándole al Claudio del espejo, allí en el Bar Boadas, en la calle Tallers, en Barcelona, España, veinte años después. Hemos bajado del terrado al atardecer, cruzado las Ramblas, para tomar un aperitivo en ese pequeño bar, rituales de uno. Dos cuarentones, él un poco más canoso, pero también más delgado que yo, tomando unas copas en la barra del Boadas. Nada tan extraño, di¬ce él, que en todas esas casas, hablando de los centros de detención de la policía política, en la calle Londres, en José Domingo Cañas, en Villa Grimaldi, había oficinas, quiere decir que también se hacía trabajo administrati¬vo, con mecanógrafas, secretarias, empleados, todo eso. O sea que taca, taca tac, ¡ting!, patada en el culo, que ca¬minara el huevón, que no lo habían traído de paseo, ta¬ca tac ¡ting!, golpe en la cabeza, ¿qué mierda?, cuidado con el mate, agáchate, taca tac ¡ting!, fierro helado.

(ELECTORAT, Mauricio: La Burla del tiempo, Barcelona, Seix Barral, 2004. pp. 290-291)

[BENJAMIN, Walter: Infancia en Berlín hacia 1900. Buenos Aires, Alfaguara, 1990 , p.15]

[Tiempo /Repetición del Naufragio]

«[Se ha dicho muchas veces lo “déja vù”. No sé si el término está bien escogido] Durante unos segundos, la superficie plomiza y ligeramente crespa absorbe los pensamientos de Nula, y en cada una de las olitas rigurosas, idénticas, en movimiento continuo [No se habla mejor de sucesos que nos afectan como eco cuya resonancia, que lo provoca, parece haber surgido, en algún momento de la sombra de la vida pasada?], que se yerguen formando un borde que, más que una curva, representaría con mayor precisión un ángulo obtuso [Resulta, además, que el choque con el que un instante entra en nuestra conciencia como algo ya vivido, nos asalta en forma de sonido.], le parece asistir a la manifestación visible del devenir [Es curioso que no se haya tratado todavía de descubrir la contrafigura de esta abstracción, es decir del choque con el que una palabra nos deja confusos, como una prenda olvidada en nuestra habitación]que, por exhibirse a veces en el acontecer a través de la repetición o de la inmovilidad engaño­sa [De la misma manera que ésta nos impulsa a sacar conclusiones a la desconocida, hay palabras o pausas que nos hacen sacar conclusiones respecto a la persona invisible:], le da a los sentidos toscos la ilusión de la estabilidad [Es una palabra, un susurro, una llamada que tiene el poder de atraernos desprevenidos a la fría tumba del pasado, cuya bóveda parece devolver el presente tan sólo como un eco]. (…) el mismo movimiento constante que la formó la va erosionando, haciéndola cambiar de tamaño, de forma, de lugar, y el ir y venir de la materia y de los mundos que hace y deshace, no es más, según él, que el fluir sin dirección ni objetivo, ni explicación conocida, del tiempo invisible que, silencioso, los atraviesa [me refiero al futuro que se dejó olvidado en nuestra casa].

—Fíjese como son todas iguales —dice.

Gutiérrez lo mira sorprendido.

—Las olitas —dice Nula—. Cada una de ellas, es la misma con­vulsión que se repite.

—La misma no —dice Gutiérrez, sin siquiera mirar la superficie del agua.»
(SAER, Juan José: La Grande. Buenos Aires, Seix Barral, 2005. pp.19-20)
[Benjamín, Walter: Infancia en Berlín hacia 1900. Buenos Aires, Alfaguara, 1990. p.45]

lunes, 6 de agosto de 2007

Cuando sali en LND

Poeta prepara libro “Locomoción colectiva” y enchula al nuevo sistema


Directo al matadero

Edson Pizarro vive en Puente Alto, se crió en Conchalí y estudia en el centro. Tiene 23 años, y los buses amarillos fueron su segunda casa. “La micro es un lugar que te obliga a escuchar”, dice.




Nación Domingo
Domingo 4 de marzo de 2007

Por Javier García

Desde 1985 que vive en Puente Alto. “Antes vivía en Conchalí, cerca del límite con Huechuraba. Después del cambio de casa, cuando íbamos a ver a los parientes, nos servía la 162 y últimamente la 100”, cuenta recordando los recorridos que a veces lo llevaban por 200 pesos.

Pizarro estudia Literatura en la Universidad de Chile y la enseñanza media la cursó en el Liceo A24 de Santiago. “Uno se tiene que acostumbrar a ir leyendo, ‘aprender’ a dormir, hacer tareas, porque es mucho tiempo en micro”, dice quien prepara un poemario titulado “Locomoción colectiva”, donde la fauna que se daba en el más popular medio de transporte, como vendedores de helados, enfermos terminales, ex presos y los famosos “sapos”, hablan a través de su inédito libro.

“Ahora se hace un casting para ver qué artistas se suben a las micros. Antes se veía de todo. En calle San Diego, una mujer pedía monedas con la cara quemada. En la Estación Central, un tipo tenía elefantiasis en las manos. Son cosas que oculta el nuevo sistema, los pobres, los cesantes, ex convictos, porque la micro es un lugar que te obliga a escuchar”, expresa con un discurso que ya se lo quisiera Iván Zamorano.

Pizarro camina como Pedro por su casa por las calles de la ciudad. “Ésas también las conozco por dentro”, comenta riéndose cuando pasa frente a una micro de Carabineros. Aparte de su observación en terreno, que lo seduce como tema poético, en estos últimos meses se ha dedicado a estudiar el análisis de discurso de la prensa escrita, a partir de este cambio radical en las arterias de la capital.

“Es bueno el cambio, pero al parecer se preocuparon primero de la imagen que del cómo operaría el sistema. Enchulando la micro, enchulando el sistema, enchulando Chile”, canta con el ritmo en el cuerpo.

COSMÉTICOS

“Un envase de jugo de naranjas/ oculto entre dos asientos./ Una botella de cerveza/ rueda por el pasillo”, escribe en “Locomoción colectiva”. Mientras, intenta desenredar la telaraña que divide la ciudad. “La fragmentación del nuevo sistema es con un fin comercial, porque cada lugar se divide por sectores socioeconómicos. Esto, respaldado con la tarjeta bip!, hace introducir a un sistema similar al que utilizan las grandes tiendas. Las micros actuales son como carros de supermercados, donde los productos somos nosotros mismos. No es por nada la comparación con las latas de sardinas y las vacas al matadero”, explica a la vez que busca la sombra en un edificio.

Ante su discurso no falta la pregunta pitonisa. ¿Y qué pasará con el Transantiago?: “Bueno, está empezando, pero hay que poner ojo en las concesionarias, porque luego viene el cobro por transbordo, y una posible alza del petróleo y, por ende, del pasaje”.

Y siguiendo con el enchulamiento, el poeta cree que las micros también se han travestido, refiriéndose a que “una pintada” te permite ser parte de la modernización. “No hay que ser moderno, sino parecerlo, y ahí está este sistema ligado a la cosmética, al maquillaje, como maneras de no quedarse debajo de la micro”, dice abriendo la boca y mostrando sus dientes con frenillos, que también poco a poco se enchulan. LCD


link


sep, ego ego ego

es la 2da vez q salgo en el diario, pero esta es una forma mas "decente"


que largo tenia el pelo...

tantas cosas han pasado


en fin, sigo prefiriendo el fotolog

miércoles, 27 de junio de 2007

El Capital en América Latina

La evolución económica de América Latina apunta, gradualmente, a la liberalización del mercado y a la privatización de la industria, incluso cultural. El capital señala y selecciona los elementos que ingresarán o no a la burbuja cultural latinoamericana. Poco a poco, la regulación del mercado por parte de los estados va perdiendo terreno, evidenciando el avance del “imperialismo norteamericano”, el cual no es otra cosa que un capitalismo globalizante[1]. Sin embargo, las sociedades de América Latina sólo terminan de ceder ante el impulso imperialista cuando comienzan a sucederse las dictaduras militares, las cuales, de manera violenta, se apropiarán de la cultura[2] y la libertad. «En América Latina la introducción de esta nueva etapa del ca­pital fue precisamente el papel epocal que jugaron las dictaduras. De nuevo, vale la pena recordar la frase de Eduardo Galeano: se torturó al pueblo para que los precios pudieran ser libres. Si la función de las dictaduras fue la instalación de la etapa posmoderna del capital, la tarea de la escritura en las postdictaduras posmodernas será necesariamente distinta a la de las postdictaduras anterio­res.»[3]. Como dice Avelar, hay que ver a las dictaduras como «instrumentos de de una transepocal del Estado al Mercado»[4]. Una descripción más positiva nos da Lavín: «Labores que antes estaban sólo reservadas al sector pú­blico, han comenzado a ser efectuadas con éxito por em­presas privadas. Las Instituciones de Salud Previsional, más conocidas como Isapres, con un millón de beneficiarios, han generado una demanda por servicios de salud cubiertos por el sector privado. Las primeras cuadras de la calle Salvador, en Santiago, constituyen hoy un verdadero "barrio médico", en el que en menos de medio kilómetro compiten entre sí labo­ratorios, clínicas dentales y centros de salud. La previsión privada es una realidad para más de dos millones de afiliados a las Asociaciones de Fondos de Pen­siones, AFP, y para cientos de jubilados y pensionados del nuevo sistema. Entre otros, el sector privado también incursiona fuerte­mente en el campo de la educación, con la creación de nume­rosos colegios particulares y de 2.700 escuelas privadas subvencionadas por el Estado. Centros de formación técnica, institutos profesionales, y hasta universidades, constituyen y nuevas alternativas privadas para quienes terminan su educación escolar. Se ha generado, incluso, una industria privada de apoyo a la educación, dedicada especialmente a crear programas computacionales para la enseñanza de las más diversas materias.»[5] En este sentido, hay un desplazamiento del ciudadano al consumidor[6], concreto en esta época posdictatorial[7].



[1] «En América Latina la globalización económica es percibida sobre dos escenarios: el de la apertura nacional exigida por el modelo neoliberal hegemónico, y el de la integración regional con que nuestros países buscan insertarse competitivamente en el nuevo mercado mundial. Ambos colocan a la “sociedad de mercado” como requisito de entrada a la “sociedad de la información”» (Martín Barbero, p.17)

[2] «En este caso se trata de la memoria fetichizada, en donde los hechos se nos exhiben como meros datos recordatorios, números, fechas, anécdotas. Es un proceso de mercantilización del discurso; los testimonios adquieren la forma de un objeto cuya observación sólo se permite en desconexión de la totalidad social que le dio origen. Su principal efecto es la trivialización del terror, convertir lo horroroso en banal.» (Azzali, p. 7) Así, «(...) la memoria del mercado pretende pensar el pasado en una operación sustitutiva sin restos. Es decir, concibe el pasado como tiempo vacío y homogéneo, y el presente como mera transición.» (Avelar, p.14)

[3] «[continuando la línea]El imperativo del duelo se impone ahora en un contexto en que la literatura se ha visto forzada a abandonar su papel moderna­mente privilegiado -la imaginación de una otredad no reificada, la redención de lo poético dentro del prosaísmo de la vida cotidiana alienada, el vislumbre de una epifanía redentora. La firma moder­na, una vez singular e inconfundible, se disuelve ahora en el anoni­mato o es barajada en la multiplicidad de firmas apócrifas. La em­presa misma de la literatura parece haber llegado, a partir de la crisis de esa relación constitutiva con el nombre propio que siem­pre le ha caracterizado, a una situación tendencial de guetoización irreversible. En este sentido, el duelo postdictatorial sería también un duelo por lo literario.» (Avelar, p.315)

[4] Avelar, p.22. «Estas transformaciones son consecuencia de tres factores principales: el dramático cambio experimentado por la eco­nomía mundial, que ha pasado en pocos años de la "era industrial" a la "era de la información", debido a un sorpren­dente desarrollo tecnológico; una política deliberada de inte­gración con el mundo, iniciada en 1975, que no echó sólo por tierra las barreras del comercio, sino que amplió el horizonte de los chilenos al otorgarles acceso a información, tecnología y bienes de consumo que hasta entonces sólo conocían por sus escasos viajes al exterior; y todo lo anterior, en un am­biente que ha favorecido la iniciativa individual, la creativi­dad, la innvación, la audacia y la capacidad empresarial» (Lavin, p.11)

[5] Lavin, p.23-24

[6] En una visión positiva del fenómeno, señala Lavín «La orientación hacia el cliente, propia de una economía de mercado competitiva, ha hecho que las Empresas tiendan fuertemente a otorgar un mejor servicio pensando en los diferentes gustos de cada consumidor, en facilidades de financiamiento y en ahorro de tiempo.

Hasta hace pocos años no era posible para un chileno cobrar un cheque en cualquier sucursal de su Banco, ni menos podía obtener fondos o efectuar depósitos los fines de semana. Ahora se efectúan 800.000 transacciones al mes en los 160 cajeros automáticos instalados en diferentes lugares del país.

Los supermercados han alcanzado un notable desarrollo, desplazando al "almacén de la esquina" en todos los niveles de la sociedad. Las comodidades son cada vez mayores: 5.000 familias santiaguinas, especialmente aquellas en que el marido y la esposa trabajan, hacen por teléfono sus compras semanales, las que son despachadas a cada hogar por la flota de camiones de Telemercados Europa. Loa servi­cios al cliente se sofistican cada vez más: en la boleta de los supermercados Almac, la dueña de casa puede leer con todo-detalle cuánto compró de cada producto, con sus respectivos precios. Los grandes mall, como el Parque Arauco o el Apumanque, reciben a más de un millón de personas todos los meses, y rivalizan por atraer clientes transformando el comprar en un verdadero paseo familiar de fin de semana. Paralelamente las tarjetas de crédito Visa, Diners, Master­Card o American Express ayudan al financiamiento de miles de familias, sistema que comenzaron a utilizar -con tarjetas de crédito propias- grandes establecimientos comerciales como Falabella, Almacenes París, Ripley, y otros.
Se puede viajar a Concepción, de noche, en buses-cama, con televisor, o con video-cassette, por un precio más bajo que el del viaje en tren, y es posible telefonear desde Panguipulli -ciudad sureña de 30.000 habitantes- a cualquier lugar del mundo a través de discado directo. ¿La revolución de los servicios?: Una realidad de la que ya disfruta el consumidor chileno.» (Lavín, p.22,23)

[7] «La alegoría es el tropo de lo imposible, ella necesariamente responde a una imposibilidad fundamental, un quiebre irrecuperable en la representación. Si una de nuestras premisas aquí es que la derrota histórica que representan los regímenes militares ha implicado también una derrota para la escritura literaria, se impone entonces la tarea de “hablar otroramente” (allos-agoreuein). Este “hablar otro” no se entiende aquí sólo como una mera búsqueda de formas alternativas de habla, sino también el hablar ‘del’ otro (en el doble sentido del genitivo), de responder a la llamada del otro. (En) la literatura postdictatorial habla al (el) otro. La alegorización tiene un lugar cuando aquello que es más familiar se revela como otro, cuando lo más habitual se interpreta como ruina, cuando se desentierra la pila de catástrofes pasadas, hasta entonces ocultas bajo la tormenta llamada “progreso”. Los documentos culturales más familiares devienen alegóricos una vez que los referimos a la barbarie que yace en su origen.» (Avelar, p. 316)

Zapping: La libertad del consumidor


«Otro espacio posible para un aporte de "la cultura" se encuentra en la referencia que se hizo, en esa misma ponencia, respecto de la libertad de la gente para elegir en el mercado electrónico de la televisión, por ejemplo. Si no caemos en el error grueso de confundir el zapping con la libertad, el control remoto del televisor con la autonomía de "aquello que todavía llamamos el alma", habría que reconocer que la gente elige desde algo, desde "lecturas" anteriores, desde conocimientos que permitan reconocer, discriminar: mientras más experiencias previas haya, mayor será la liber­tad de elegir: la posibilidad de la crítica tiene que ver con la comparación. La dimensión de la cultura que interesa, en relación con esta idea, no se proyecta al futuro, (…) sino al pasado. » (Valdés, p.117). Si bien las personas eligen, esta elección no correspondería, como dice Valdés, a lecturas anteriores, sino a una “memoria suplementaria” como se desprende de lo que señala Sarlo, donde la velocidad y el llenado total del tiempo son leyes no de la televisión como posibili­dad virtual sino de la televisión como productora de mercancías: «En todo esto se origina una forma de lectura y una forma de memoria: algunos fragmentos de ima­gen, los que logran fijarse con el peso de lo icónico, son reconocidos, recordados, citados; otros fragmen­tos son pasados por alto y se repiten infinitamente sin aburrir a nadie porque, en realidad, nadie los ve. Son imágenes de relleno, una marea gelatinosa don­de flotan, se hunden y emergen los iconos reconoci­bles, que necesitan de esa masa móvil de imágenes justamente para poder diferenciarse de ella, sor­prender y circular velozmente: las imágenes más atractivas necesitan de un "medio de contraste". Existen porque hay una infantería de imágenes que no se recuerdan pero pavimentan el camino. Las imágenes de relleno, cada vez más numerosas, no se advierten mientras existan las otras imágenes; cuan­do estas últimas comienzan a escasear, zapplng. To­do esto tarda más en escribirse que en suceder.» (Sarlo, p.66-67) Este cambio de la representación de la memoria se desprende en Terrero, quien señala: «En la actualidad asistimos a un sustantivo cambio del sistema técnico comunicacional, soporte de las actuales transformaciones económicas y culturales, y asistimos también a una masiva reorganización del conocimiento y las prácticas sociales. Las tecnologías, mecánicas coexisten con las nuevas tecnologías computarizadas que están cambiando nuevamente el estatuto de la visión, el lugar del observador y la naturaleza de la representación al permitir la producción digital de imágenes desvinculadas del observador y de un referente real. La representación en su acepción tradicional es el conocimiento de un objeto ausente sustituido por su imagen en la que el signo visible establece una relación con un referente real (el objeto representado y ausente). En el caso de las imágenes computarizadas desaparece la reproducción mediada de la "reali­dad" y aparece la posibilidad de creación de imágenes desvinculadas de un referente. En otro nivel, la pantalla televisiva es un escenario de convivencia de lo local y lo planetario en el que se visualizan territorios, personajes, situaciones, objetos -próximos y al mismo tiempo exóticos- y en el que se crean tramas imaginarias construidas en el marco de un sistema global de producción y consumo cultural.» (Terrero, p.212. El subrayado me pertenece) Lozano sostiene que estas nuevas formas de “lo televisual”, en su lógica de producción, consumo y ex/propiación genera nuevas prácticas de relacionarse y pone en cuestión muchos de los supuestos que las investigaciones de comunicación de masa sostienen: «El "modelo" de comunicación resulta pobremente equipado para li­diar con "sujetos" que cambian continuamente de posición, lite­ralmente con el control -"remoto"- de aquello que ven (véase Tülloch, 1989), con "mensajes" sin contenido contable, y con me­dios de comunicación que, ni median como un puente entre la realidad y la "gente", ni transmiten información de un lado a otro del mundo social. En términos generales, la búsqueda por el espacio de la recep­ción supone estos desplazamientos conceptuales:

-
De la audiencia homogénea a las audiencias plurales. La masa, la mayoría, está cediendo lugar a generalidades más minucio­sas y específicas. Las mayorías son muchas, los promedios son múltiples (depende de cuál segmento social, cuál tipo de con­sumidor estemos hablando). Las minorías (sexuales, genera­cionales, étnicas, sociales) son abordadas y representadas en los discursos de masas. La presencia de las "minorías masivas" y de las mayorías minoritarias cuestiona la existencia del "espec­tador promedio", del comú de la gen.t

- De la recepción como polaridad adquisitiva a la recepción como espacio de negociación, apropiación y producción de sentido.


- De la comunicación a las prácticas culturales. El "modelo de la comunicación" impide vislumbrar las articulaciones, dinámi­cas y prácticas sociales que no se agotan en lo comunicativo y, que sin embargo, constituyen su soporte. Es pues necesario, estudiar los medios de comunicación masiva desde la cultura y en el devenir cotidiano. » (Lozano, p.52)



LOZANO, Elizabeth: Del sujeto cautivo a los consumidores nomádicos. En: Guillermo Sunkel (coord.): El consumo cultural en América Latina. Santafé de Bogotá, Editorial Convenio Andrés Bello, 1999

SARLO, Beatriz: Escenas de la vida postmoderna. Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina. Bs. Aires, Editorial Ariel, 1997.


TERRERO, Patricia: Ocio, prácticas y consumos culturales. Aproximación a un estudio en la sociedad mediatizada. En: Guillermo Sunkel (coord.): El consumo cultural en América Latina. Santafé de Bogotá, Editorial Convenio Andrés Bello, 1999

VALDÉS, Adriana: Los “centros”, las “periferias” y la mirada del otro; Las licencias del entremedio ; Aquello que todavía llamamos cultura En: Composición de lugar. Escritos sobre cultura. Santiago, Editorial Universitaria, 1996

Modernización en America Latina

García Canclini ha realizado una : «La hipótesis más reiterada en la literatura sobre la modernidad latinoamericana puede resumirse así: hemos tenido un modernismo exuberante con una modernización deficiente.»[1]. Su lectura de la Modernidad en Latinoamérica apunta al hecho de ser des-cubiertos por naciones europeas sumamente pobres y con una religiosidad dogmática católica tal que dificultaba el desarrollo de la Modernidad incluso dentro de sus fronteras. No es en ningún caso anecdótico el que la Modernidad comenzara a desarrollarse en Latinoamérica sólo a comienzos del siglo XIX, durante el período de constitución e independencia de los estados-nación latinoamericanos, siendo que la Modernidad europea comienza en el siglo XVII. García Canclini ahondará en sus investigaciones, señalando que la modernización llega hasta Latinoamérica a manera de oleadas esporádicas, no desarrollándose como un proceso sistemático. Así, la oligarquía progresista a principios del siglo XX, el capitalismo en los años 20-30 y la industrialización en los años 40 habrían permeado a Latinoamérica frente al Modernismo.[2]

Como es posible apreciar, el Iluminismo que llega hasta Latinoamérica lo hace sólo en función de las necesidades de grupos de capital, razón por la cual es posible indicar que, aún cuando el Modernismo no entrara de lleno en Latinoamérica, el capitalismo sí consigue penetrar en el continente. Si bien persiste la necesidad de conocimiento, esta necesidad está enfocada hacia el propio capital y ya no en el interés por la razón, la deducción y la invención. Está orientado al desarrollo de nuevas posibilidades de producción económica, siendo el conocimiento una herramienta y un bien propio del mercado. Para ello, la tecnología rápidamente desarrolló nuevas herramientas que permitiesen la interconexión constante entre diversos puntos del planeta. Mantener redes de información de funcionamiento rápido y fácil acceso[3], donde el carácter emancipatorio de los hombres se encuentra en el consumo, la libertad del control remoto, la libertad de consumir.



[1] «[En el mismo párrafo] (…) Puesto que fuimos colonizados por las naciones europeas más atrasadas, sometidos a contrarreformas y otros movimientos antimodernos, sólo con la independencia pudimos iniciar la actualización de nuestros países (Canclini: 2001, p.81) Si bien, en un primer acercamiento, se tendría a calificar a la conquista como primer movimiento moderno dado el intento de eliminar lo barbárico a través de la civilización, este proceso no debe confundir occidentalización con modernización. Puede haber occidentalización sin movimiento modernizador. Esto se puede ver, por dar un ejemplo más actual, en la ocupación de Irak.


[2] Larraín señala que en los años 50 una nueva oleada: « Bajo la influencia de la sociología norteamericana y los trabajos de la Cepal, los países latinoamericanos esperaban modernizar sus sociedades, desarrollando sus mercados internos y apoyando desde el estado programas de industrialización.
La idea de desarrollo, de sociedades en transición a la modernidad mediante el cambio acelerado, era crucial.» (pp.167-168). Otra para los años 60-70 a cargo del renovado espíritu marxista « La desilusión con los resultados de los procesos de industrializa­ción sustitutiva, la falta de crecimiento económico sostenido y el número creciente de contradicciones que aparecían como consecuencia de la pobreza que aquejaba a amplios sectores de la población, dieron lugar a una crítica poderosa del siste­ma capitalista que se consideraba incapaz de producir desa­rrollo económico en las condiciones de la periferia.» (p.168), y, en los 80, una oleada más, a cargo ahora del capitalismo consolidado privatizador «y el colapso de los sueños socialistas. El fracaso del experimento socialista chileno y el agotamiento de otras experiencias popu­listas de izquierda precipitaron una ola de dictaduras militares que cambiaron rápida y radicalmente la dirección de las polí­ticas económicas, abriendo los países del área a la inversión y al consumo de bienes extranjeros.». (p.168)

[3] Martín Barbero señala que «Mientras en nuestra sociedad el tiempo productivo, el valorado por el capital, es el tiempo que “corre” y que se mide, el otro, del que está hecha la cotidianidad, es un tiempo repetitivo, que comienza y acaba para recomenzar, un tiempo hecho no de unidades contables sino de fragmentos ¿Y la matriz cultural del tiempo que organiza la televisión no es acaso esa: la de la repetición y el fragmento? ¿Y no es insertándose en el tiempo del ritual y la rutina como la televisión inscribe la cotidianidad en el mercado? El tiempo en que organiza su programación la televisión contiene a la vez la forma de la rentabilidad y del palimpsesto, de un entramado de géneros. Cada programa o, mejor, cada texto televisivo, remite su sentido al cruce de los géneros y los tiempos. En cuánto género pertenece a una familia de textos que se replican y reenvían unos a otros desde los diversos horarios del día y la semana. En cuanto tiempo “ocupado”, cada texto remite a la secuencia horaria de lo que le antecede y le sigue o a lo que aparece en e palimpsesto otros días a la misma hora. Mirado desde la televisión el tiempo del ocio cubre y devela la forma del tiempo del trabajo: la del fragmento y la serie. Decía Foucault que “el poder se articula directamente sobre el tiempo». Porque es en él donde se hace más visible el movimiento de unificación que atraviesa la diversidad de lo social. Así, el tiempo de la serie habla el idioma del sistema productivo –el de estandarización– pero bajo él pueden oírse también otros idiomas: el del cuento popular y la canción con estribillo y el relato de aventura, aquella serialidad, según B. Sarlo, “propia de una estética donde el reconocimiento funda una parte importante del placer y es, en consecuencia, norma de valores de los bienes simbólicos”. Y aún más, aquel sensorium que, según Benjamín, hace posible la experiencia cultural del nuevo público que nace con las masas. Podría hablarse entonces de una estética de la repetición que, trabajando la variación de un idéntico o la identidad de varios diversos, “conjuga la discontinuidad del tiempo del relato con la continuidad del tiempo relatado”: aquel sentimiento de duración que inauguró el folletín del siglo XIX permitiendo al lector popular hacer tránsito entre el cuento y la novela sin perderse. La serie y los géneros hacer ahora la mediación entre el tiempo del capital y el tiempo de la cotidianidad.» (Martin Barbero, p.8-9)

Dos conceptos de Globalización

«(...) la globalización de la cultura es la manifestación de las contradicciones, tensiones, desajustes y cambios a que dan lugar las interrelaciones e interacciones entre los cuatro macro-fenómenos indicados más arriba [la universalización de los mercados y el avance del capitalismo posindustrial; la difusión del modelo democrático como forma ideal de organización de la polis; la revolución de las comunicaciones que lleva a la sociedad de la información; y la creación de un clima cultural de época, usualmente llamado de la posmodernidad]» (Brünner, p.30)

«La globalización o mundialización, y usamos estas dos acepciones para no identificarnos con las ideologías que acompañan este fenómeno, tiene diversas dimensiones. La primera es económica y se refiere a la interpenetración de los mercados, en sus aspectos productivos, comerciales y, sobre todo, financieros, atravesando los Estados nacionales. La segunda es cultural, principalmente comunicacional e implica el estrecha miento del tiempo y el espacio, caracterizándose por la extraterritorialidad de las redes de información y comunicación. La tercera es la dimensión política, menos cristalizada en la medida que supondría instituciones de gobierno mundial, que implica el debilitamiento del Estado nacional en manos de las dos dimensiones anteriores, en la medida en que tiende a predominar una sola gran potencia mundial y predominan los poderes fácticos en la escena transnacional.» (Garretón, p.27)


BRÜNNER, José Joaquín: Globalización cultural y postmodernidad. Santiago, Fondo de Cultura Económica, 2002.

GARRETÓN, Manuel Antonio: La sociedad en que vivi(re)mos: introducción sociológica al cambio de siglo. Santiago, LOM Ediciones, 2000


martes, 26 de junio de 2007

Entrevista a Negroponte




(fragmento)

¿Continuará Internet deparándonos grandes sorpresas?

Claro que sí. Hace 10 años estaba en una reunión con treinta especialistas considerados como los padres de Internet y se lanzó la pregunta de cuántas personas estarían conectadas a la red en 2000. Ellos contestaron que unos 10 millones, mientras que yo dije que al menos 1.000 millones de personas navegarían por Internet en 2000. Me miraron atónitos y compasivos, pensando que alguna tuerca de mi cabeza se había aflojado. Pero acerté: para finales de este año unos 1.000 millones de individuos estaremos conectados mediante la Red.


¿Por qué Estados Unidos es más activo que Europa a la hora de montar negocios en la "nueva economía"?

En Europa rige una mentalidad muy conservadora. Se ha impuesto la idea de no correr riesgos y de disfrutar un trabajo fijo para toda la vida; prima el valor de la seguridad. A todo esto, hay que añadir el miedo al fracaso que estigmatiza al joven que no logra sacar adelante un nuevo proyecto. Si en Europa una nueva empresa en Internet se tarda en ponerla en marcha seis meses, en Estados Unidos se hace en dos días y si el negocio no funciona, no pasa nada. Lo peor que te puede suceder si fracasas en un proyecto ambicioso y arriesgado es que hayas aprendido algo nuevo. En Estados Unidos, el entorno invita a asumir estos riesgos. Se valora mucho socialmente al que asume grandes riesgos y triunfa. Uno de los aspectos más importantes de la nueva economía es que hay que escuchar a los jóvenes y valorar sus iniciativas.


Se habla mucho del comercio electrónico. ¿Qué cifras podemos barajar sobre este nuevo modo de comprar, para hacernos una idea?

Aquí también hay previsiones para todos los gustos. Hace unos años, algunos expertos anunciaron que en 2003 el volumen de ventas del comercio electrónico sería de 327.000 millones de dólares. Me irrité y les pregunté de dónde habían sacado el pico de los 27.000 millones. Cada vez que hacemos una predicción erramos, pero yo voy a lanzar una: en 2002, el comercio electrónico supondrá, en todo el mundo, unos 2 billones de dólares. Se estima que dentro de tres años, el 50% del comercio electrónico se realizará en Estados Unidos, el 40% corresponderá a Europa, un 5% para Japón, Corea y Taiwan y el resto del mundo se repartirá el 5% restante. Pero creo que dentro de cinco años este comercio on line predominará en los países en desarrollo, sobre todo en América Latina porque si se cuenta con un mínimo de infraestructura tecnológica lo fundamental es que exista una cultura digital, intuitiva. Si tuviera 20 años menos, invertiría mi dinero en Latinoamérica. Es una gran zona donde sólo se hablan dos idiomas (español y portugués), lo que facilita el desarrollo de Internet, y la mitad de la población tiene menos de 22 años. A esto añadiría la mejora y ampliación de la infraestructura de telecomunicaciones, y que ninguno de los 50 países más pobres del mundo está en Iberoamérica. Si bailan la samba ¡cómo no van a navegar por Internet!.


¿Cómo se puede superar la marginación de los países pobres en el acceso a las nuevas tecnologías?

La diferencia no es tanto entre ricos y pobres, sino entre los que tienen acceso a Internet y los que no. La solución es proveer de acceso a la Red a quienes no cuentan con él. Y eso no quiere decir que hay que comprar un ordenador a cada niño. En algunos países de Extremo Oriente, muchas personas comparten una conexión a Internet en un café, y todos tienen su propia dirección de correo electrónico. ¿De dónde procedía el virus I Love You? De Filipinas, y no es una casualidad. Sin embargo, también hay circunstancias que ennegrecen el futuro de Internet en los países en vías de desarrollo. En África, la corrupción de los gobiernos y la pobreza actúan en contra del desarrollo, y también de la implantación de Internet. Mientras en los países del norte de Europa hay un teléfono por persona, en África sólo hay uno por cada 50 individuos. Esta escasez de equipamientos e infraestructuras de comunicación juega en su contra, pero la situación sociopolítica de ese continente es su principal lastre para el desarrollo.


¿Cuál es la situación de Internet en Europa, a fecha de hoy?

Europa la podemos dividir en tres franjas. Una es la de los países escandinavos, donde la penetración de Internet es incluso mayor que en Estados Unidos; otra es la de los países más ricos (Francia, Reino Unido, Alemania, Suiza...) y otra la de los países del sur (España, Portugal, Italia, Grecia). En estos últimos, la infraestructura no es tan buena pero mejora día a día. Y pervive la cultura del trabajo por horas, de la economía sumergida, del buscarse la vida, del no respeto sano a la autoridad... que le va como anillo al dedo a Internet y al comercio electrónico. La forma de vida latina, menos rígida, menos reglamentista y más espontánea, está más acorde con la cultura digital que la mentalidad japonesa o la alemana. El consumidor de Internet encaja bien en una sociedad con mucha economía subterránea, ya que la Red se nutre de pequeñas iniciativas a veces poco o mal organizadas y no del todo reglamentadas, de las que los más avispados se pueden aprovechar. Lo que quiere decir que se tendrá que revisar la legislación en muchos aspectos, entre otros los impuestos, tasas y aranceles. Las leyes de muchos países no están preparadas y deberán adaptarse a la economía de Internet.


¿Ve algún freno para este imparable desarrollo de Internet?

El problema más acuciante, y habrá que prevenirlo porque no está tan lejano en el tiempo, es que, como consecuencia de su gran uso, la Red llegue a congestionarse y deje de funcionar con un mínimo de rapidez y calidad. La conexión debe estar disponible en todo momento, porque si no el instrumento se volvería inútil. Hemos de evitar este colapso en las redes mejorando todo lo posible las infraestructuras de las telecomunicaciones.


¿Puede aventurar un perfil-tipo del consumidor de Internet en un futuro próximo?

Voy a darle otro de mis vaticinios que tanto sorprenden: dentro de unos cinco o diez años habrá más objetos conectados a Internet que personas, especialmente los más comunes en los hogares, los juguetes y los electrodomésticos. El consumo de juguetes es tan enorme que pronto habrá más Barbies conectadas a la Red que personas (en USA, cada niña tiene de media más de seis de estas muñecas), y las Barbies de todo el mundo se contarán sus confidencias en distintos idiomas. Las lavadoras, también conectadas a Internet, nos las regalará el fabricante, que nos cobrará por cada lavado y por la actualización de los programas informáticos que hacen funcionar al electrodoméstico. Además, los circuitos reemplazarán a los códigos de barras en los productos y les permitirán dialogar entre ellos: una camisa, por ejemplo, podrá comunicar a una lavadora el programa más adecuado para su tipo de tejido y color. Todos poseeremos entre 5.000 y 10.000 microprocesadores comunicándose entre sí, lo que dará pie a todo tipo de industrias hoy todavía inimaginables.


¿Qué opina de los hackers, o piratas informáticos?

Veo positivo que existan jóvenes autodidactas con ambiciones y que aúnan curiosidad y conocimientos. El futuro es de la juventud, y hay que pensar en los hackers como investigadores que crean y colaboran en el desarrollo de las nuevas tecnologías.


¿Qué nos dice sobre la Internet de los móviles? ¿Seguirá teniendo ventaja Europa sobre Estados Unidos en este terreno?

La ventaja que tenía Europa sobre Estados Unidos en la telefonía móvil se va a reducir porque las recientes subastas de licencias de telefonía móvil UMTS, que han reportado cuantiosas sumas de dinero a las arcas de los gobiernos europeos, repercutirán ese sobreprecio en el bolsillo del consumidor. El coste de mil dólares por usuario, que representa el desembolso realizado por las operadoras, implica directamente el fracaso de la tercera generación de esos móviles cuyo valor añadido es la posibilidad de conectarse a Internet. Así, la ventaja que Europa tenía sobre Estados Unidos en la telefonía móvil desaparecerá, y no lo hará sólo por culpa de la voracidad financiera de los gobiernos, sino también porque la tecnología en que se basa -UMTS- no está suficientemente avanzada. Otros sistemas de comunicación inalámbrica restarán posibilidades a la conocida como telefonía de tercera generación. Tanto el GPRS, sistema similar al UMTS, que permite conectarse a Internet a una velocidad mayor, como las redes Peer-to-Peer (de igual a igual) competirán con el UMTS.


¿Y qué pasará con las televisiones?

La televisión es un medio excelente para conectarse a Internet. Dentro de cinco años, convivirán la TV por cable, las plataformas digitales y las televisiones tradicionales adaptadas a los nuevos medios. Eso sí, todas ellas ofrecerán una programación muy parecida.

Revistas v/s Blog

Respuesta a lo dicho en las 1as Jornadas de Estudiantes de Letras –“El blog mató a las revistas”

Curiosas cláusulas del corso: últimamente, en Buenos Aires no paran de surgir blogs de escritor y escritores-blogueros con testimonios que dan por muerta a cualquier otra forma de difusión de literatura, mientras que las revistas de poesía que sobreviven al tercer número se cuentan con los dedos de la mano –para ser exactos, de la mano del Androide de “Titanes en el ring”. En el entretanto, desde una revista de literatura general como La mujer de mi vida, quizás bajo la seducción del “viva la muerte” decretado en los blogs, se afirma que la poesía argentina no existe porque nadie va a buscarla a las librerías –como sí van a buscar, se supone, los romances y novelas del staff de aquella revista.

Los blogueros están locos de contentos con la media: seiscientas visitas por día. Y a tal punto les resulta un buen promedio que sostienen: el blog mató a la revista. Pero el blog, ¿qué puede aniquilar si no empieza serruchando el ego y la pereza? ¿Cómo creer que el blog es contundente, si el ejercicio de la crítica se reduce a comentarios mañaneros de tipo “el libro que publicó Raúl es una mierda”? Sí: como todo instrumento, será bueno o malo según se lo maneje –la telefonía celular, por ejemplo, es buena en Escandinavia porque es democrática, y es condenable en Argentina porque, producto del menemismo, el gasto de la llamada recae en los “giles” que tienen teléfono fijo. Pero si el hábito impone que el bloguero sea un superhéroe del fragmento y la desidia; si el hábito manda que el blog sea un paseo de lecturade la vida cotidiana salpicado de declaraciones literarias que no es cool profundizar; si la mayoría de los blogueros son pichones de Baudelaire escribiendo la “Pobre Bélgica” de la última vez que salieron a la calle, ¿cómo puede matar el blog a la revista de poesía?

Si el blog mata, la revista de poesía es un undead. Porque un rosario de ironistas con departamentitis crónica no puede empalar a un sistema de cuatro o diez tipos que tienen que ponerse de acuerdo en un contenido.

No soy bueno para los nombres porque no tengo banda ancha. El blog de Juan Terranova no me gusta ni la mitad de lo que me gustan sus novelas, aunque reconozco que hay un esfuerzo por escapar de la anécdota cotidiana (ya sea literaria o gastronómica o “política”) y llevarla hacia una especie de crítica cultural con la suficiente cohesión y bastante bien “canchereada” ya que no documentada. Otro blog que podría gustarme es el de Santiago Llach, porque, cuando quiere, muestra algo más que la punta de su prosa crítica –pero eso sólo ocurre cuando “sube” al blog una ponencia o un escrito que inicialmente pensó para otro lugar. El blog de Fabián Casas también se luce en la medida en que sube textos en vez de “postear” sensaciones –y ahí está lo que escribió sobre Edwards, sobre Spinetta. Otros son blogs para saber dónde comprar de buena mano pantalones hindúes o revistas viejas. Salvo estas y otras excepciones, los blogs que alguna vez visité me parece que piden demasiada atención para lo biográfico.

Nota aparte para los blogs de estudiantes de Letras que, además de la obligada crítica a Washington Cucurto (“escritor de la mercadotecnia”), se caracterizan por defender la importancia de atiborrar la red con confesiones pinamarescas desde un foucaultianismo veleta (micropolíticas del yo: ‘si todos hablamos de lo que nos pasó en las últimas horas, el Sujeto estalla’). Y nota aparte para el famoso discursito del blog como “procedimiento novedoso”: a su estructura típica de obsequios personalizados, difamaciones al pasar y conjeturas de por qué algo anda mal hoy, me parece, ya la agotó Catulo hace dos mil años. Catulo acabó con el blog.

No se puede hacer un blog con lo que te da la universidad pública. El culto a la espontaneidad en los blogs estaría bueno si hubiera una intensidad de experiencia, y no digo “experiencia” en sentido de “calle” o “mundo” sino, sobre todo, una experiencia de razón: una escritura, la de los blogs en este caso, volcada de lleno a la vitalidad de una idea, al proceso de un sentido que te está enfermando, que te hace escribir a cualquier hora, levantarte a la madrugada, ese tipo de cosas. Si la escritura es espontánea pero no es vital, algo falla.

Vengo de Sao Paulo, donde el blog fue moda hace unos cinco años; hoy los escritores lo usan mucho para la difusión de eventos (lecturas, presentaciones) o el armado de estrategias (coediciones, cartas abiertas). La narrativa en primera persona banal –o, en palabras de Juana Bignozzi, la poesía del “hoy me pongo el pulóver verde”–parece allá haber pasado de los escritores a los actores de teatro off y a las chicas y chicos de clase media alta que deciden ofrecer sexo por dinero. La vida privada argentina está sobrevalorada.

Cristian de Napoli

Detesto los Blogs

Asi es, los detesto.

Tener un fotolog (o "egolog" (o tambien "emologs")) lo encuento mas aceptable. vamos por partes:

1.- una foto, generalmente personal
2.- un breve comentario de la indole "aka toy llo con mis amiguis en un bar. besitos posteenme"
3.- post de varios amigos desde sus prespectivos fotologs diciendo "wajajaja q te vez graziozo, chau nos vemos" u otra indole


Los fotolog son principalmente para hablar con amigos y reirse un poco. Es extraña la sensación cuando no postean en tu fotolog. La dueña (o el dueño) se siente poco querida, pues todos sus amigos dejasn su "huella" en este espacio virtual.


Sincerametne prefiero el fotolog. Es necesario par demostrar las superficialidades personales "de cada persoan individuo personal" por dar un ejemplo. Aceptemoslo: todos tenemos un ego, nos queremos mostrar y que mejor que este medio para hacerlo.


Ahora bien, veamos lo que pasa con los blogs. Tiene la misma modalidad salvo que la foto no es la importante, sino lo escrito. vaya, que relevante. personas comunes se las dan de periodistas o escritores. Conozco mucha gente que, al no poder publicar en papel se hace un blog, para que conzcan su trabajo, el cual no es de buena calidad.


Tambien esto me acuerda a una vida que negue. Estudie programacion de computadores. Fui uno de los mejores de mi generacion y, cuando di la paa (en aquella época) a ultima hora decidi cambiar mi desición a Literatura. ¿Por que? simplemente descubri que habia una bella vida afuera. Un programador de computadores es lo que detesto (no a mis amigos, que sigueron en el rumbo y son muy buenas personas, a quienes quiero y admiro). Es la opcion de vida que NO escogi. Algunas veces me lo replanteo, principlamente por pitutos que me consigo en esta área y se pueden ganar estabilidad económica, pero me doy cuenta que eso no es para mi. Encerrarme en una oficina no es para mi. Necesito poder respirar, crear y disfrutar de la gente real y no de unos simples comentarios de gente virtual.

La pregunta es "¿y a quién el importa?" ¿ acaso a alguien le importa lo que piensan de mi? la verdad es que no. Por eso prefiero el fotolog, muy superficail, una foto y cometarios. A nadie le importa la vida de los demas, a nadie le importa la escritura. Y, si o fuera por el trabajo, nunca me hubiera creado este blog.